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Beneficios del estado de abundancia en alta frecuencia

Autor: Ariel Monserrat

Reconectar con la abundancia en alta frecuencia no solo genera un beneficio individual, sino que también constituye un servicio y una entrega para las generaciones pasadas y venideras.

Desde el presente, el beneficio de la abundancia en alta frecuencia consiste en restablecer, de manera intrínseca, una nueva forma de sentirse en el mundo. Se pasa de un estado de escasez en baja frecuencia a un estado interior de abundancia en alta frecuencia.

Mujer sonriente junto al mar

El estado de carencia

En este momento, el ser humano no está experimentando únicamente una sensación de carencia, sino que vive en un estado de carencia. Esto es grave.

Aquello que, en un principio, se expresa como «me siento en carencia» termina transformándose en un estado permanente.

Los seres humanos han transmitido de generación en generación el sentimiento de carencia hasta convertirlo en un estado colectivo. Este estado, a su vez, los reúne en grupos, trabajos y organizaciones cuya base se encuentra construida desde la carencia.

Por eso, cuando se realiza una reconexión con la nueva referencia de abundancia en alta frecuencia, es necesario comprender que se produce, prácticamente, un reinicio de toda la información heredada de las generaciones pasadas. Nos desprendemos de esa información y nos reencontramos con una nueva.

Atención: este movimiento no sucederá de un día para otro. Se trata de un proceso progresivo, puesto que no existen precedentes conocidos, ni en el nivel humano ni en el de la conciencia colectiva, que puedan servir como referencia de lo que significa vivir en abundancia en alta frecuencia.

Las personas suelen asociar la abundancia en alta frecuencia con la posesión de bienes materiales, el acceso económico sin límites, los viajes o el disfrute.

Lo más parecido que el ser humano puede reconocer como abundancia en alta frecuencia es una calma aparente, relacionada con la ausencia de necesidades o de amenazas para la supervivencia.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, se trata de una pseudo calma, porque, aunque exista poder o capacidad de resolución económica, también aparecen sus contracaras.

Por eso, la reconexión con la abundancia en alta frecuencia no está destinada únicamente a quienes no llegan a fin de mes. Se trata de recuperar la verdadera conexión del ser humano con el Ser creador y con la inmensidad del universo.

La abundancia y el cuerpo humano

Los seres humanos que toman contacto con la abundancia en alta frecuencia amplifican directamente la posibilidad de que sus cuerpos manifiesten salud en todos sus sistemas: mental, físico, emocional, astral y sutil.

El estado de abundancia en alta frecuencia genera, a su vez, múltiples posibilidades de manifestación y de beneficio para la Tierra y para los seres que la habitan.

La abundancia trasciende al ser humano.

La Tierra es abundancia.

Este estado requiere abandonar una mirada resultadista, mediante la cual el ser humano mide todo en función de los resultados materiales.

Dejar atrás esta mirada es uno de los pasos necesarios. Sin embargo, no debe forzarse ni transformarse en una doctrina. Solo se menciona porque constituye una de las consecuencias y decantaciones naturales que se producen cuando una persona entra en contacto con la abundancia en alta frecuencia.

Al dejar de existir el resultadismo, surge una abundancia amplificada.

Una persona que vive en alta frecuencia de abundancia puede continuar en el mismo trabajo, cobrar la misma cantidad de dinero cada mes y pagar sus cuentas del mismo modo.

La diferencia será que dejará de vivirlo como un conflicto. No materializará deudas ni necesidades permanentes y, en muchos casos, ni siquiera las experimentará interiormente como amenazas.

Ante esto, es necesario aclarar que serán necesarias tres generaciones para que este proceso se manifieste plenamente de la manera en que se describe.

No se debe caer en falsas profecías ni en expectativas exageradas. Sin embargo, es necesario comenzar este camino deteniendo el sufrimiento asociado a la abundancia.

Un nuevo inicio

Lo que se está promoviendo es un verdadero inicio y, al mismo tiempo, un reinicio.

Es el comienzo de una nueva humanidad, compuesta por seres capaces de sentir que el simple hecho de estar en la Tierra ya representa estar y sentirse en abundancia.

Es necesario observar que cada persona que habita la Tierra es un recurso y, además, sentirlo profundamente.

El ser humano todavía se encuentra en una etapa en la que necesita mentalizarse para comenzar a sentir que los demás seres humanos son recursos.

Y esto también es abundancia.

El precedente que se está estableciendo en este momento es el de una abundancia en alta frecuencia que beneficia a las células del ser humano actual.

Estas células se han alterado debido a su conexión permanente con la baja frecuencia de la supervivencia y a la tergiversación del estado de abundancia.

Las enfermedades podrían resumirse como una alteración de la información presente en las células.

Las células pueden ser comprendidas como organismos sintientes y pensantes, poseedores de una inteligencia propia, que traducen aquello que están percibiendo. Como consecuencia, somatizan esa información y crean distintas situaciones en el cuerpo biológico.

Las células manifiestan la información que habita en cada ser humano.

Por eso, los seres humanos han ido transformando su biología de acuerdo con el estado de supervivencia que han sostenido y tolerado.

Los cuerpos biológicos se han modificado, en gran medida, para responder a las exigencias de la supervivencia en baja frecuencia.

Conectar con la abundancia en alta frecuencia remodela la información del pasado, transforma el presente y modela el futuro a largo plazo.

La reestructuración del organismo humano

Durante una primera fase, los sistemas y órganos que más se benefician de este reinicio en alta frecuencia son el páncreas, el hígado, el corazón, los riñones, el intestino delgado y el intestino grueso.

En una segunda fase, el ingreso de nueva información beneficia a la columna vertebral, al cráneo y a toda la estructura ósea.

Como consecuencia de esta reestructuración de la información presente en los huesos, comienza una tercera fase que involucra los músculos, los tendones y las partes más blandas del organismo.

Las partes blandas son las que salen a defender la estructura ósea.

Sin embargo, al vivir dentro de un estado de abundancia en alta frecuencia, la necesidad de defenderse comienza a perder sentido.

Los músculos, los tendones y las demás partes blandas dejan de permanecer en tensión y de actuar como si tuvieran que proteger constantemente a la estructura ósea.

La visión literal —no la simbólica— también se modifica. Los ojos y la vista se amplifican.

En la actualidad, los seres humanos poseen una visión sesgada, condicionada por necesidades relacionadas con la abundancia en baja frecuencia y directamente vinculadas con la supervivencia.

Una mirada blanda

Mujer con una mirada serena y una sonrisa junto al mar

Otro de los beneficios psicosomáticos que manifestará el ser humano durante esta transición desde la abundancia en baja frecuencia hacia la abundancia en alta frecuencia será la mirada blanda.

Se trata de una mirada mediante la cual dejamos de percibir al otro como un recurso que puede ser utilizado egoístamente y comenzamos a verlo en su completitud.

El ser humano se ha endurecido. Se ha vuelto celoso, receloso y desconfiado.

Durante años, ha permanecido en tensión ante la presencia de los demás.

La abundancia en alta frecuencia trae consigo la amabilidad ante la existencia misma, el reconocimiento del otro y la capacidad de percibir su grandeza sin sentirla como una amenaza.

Como consecuencia, las relaciones mejoran.

En realidad, ni siquiera mejoran: se vuelven reales.

Se hacen reales.

Y esto genera bienaventuranza en el universo.

El planeta Tierra se ablanda.

La abundancia como cooperación

A muy largo plazo, medido en términos humanos, mejorarán incluso las frutas, las flores, los cereales, las verduras y los animales destinados al consumo.

Esto ocurrirá porque el planeta dejará de funcionar únicamente mediante un sistema de oferta y demanda y comenzará a convertirse en un sistema de cooperación y gratitud.

La abundancia en alta frecuencia consiste en vivir en gratitud.

No se trata de decir «gracias porque me diste algo», sino de expresar: «Gracias por existir».

Es agradecer el simple hecho de que el otro exista, aunque no se obtenga de él ningún beneficio directo.

En el presente, el ser humano se relaciona desde el beneficio, los resultados y las expectativas. Entrega en la medida en que el otro puede resultar útil.

Con la abundancia en alta frecuencia, los sistemas psicosomáticos comienzan a reestructurarse, porque el individuo deja de vivir en una negociación permanente y pasa a formar parte de un intercambio.

Esto no significa que dejarán de existir los intercambios, sino que habrá bienaventuranza dentro de ellos.

Ya no aparecerá la queja porque un día amaneció lloviendo.

Simplemente se reconocerá: «Está lloviendo».

Si ocurre una inundación, podrá preguntarse: «¿Cómo puedo hacer para que esta situación también beneficie a otras áreas, aun cuando la mía se esté viendo afectada?».

El fin del estado de amenaza

En este nuevo estado se diluye la idea de que todo me afecta o todo me amenaza.

Esta reestructuración se producirá a largo plazo y se proyectará hacia el futuro.

Sin embargo, aquí y ahora, el ser humano ya puede beneficiarse mediante una disminución de la sensación de amenaza.

Deja de vivir en un estado permanente de amenaza y esta pasa a ser únicamente una sensación ocasional.

Seguirán existiendo situaciones que lleven al ser humano a percibir una amenaza, porque eso forma parte de la supervivencia.

La diferencia es que ya no vivirá instalado dentro de ese estado.

El ser humano se verá beneficiado en su funcionamiento biológico, en sus emociones y en sus pensamientos.

Sin embargo, el primer impacto se producirá en el nivel emocional.

Es posible que la persona no pueda traducir directamente lo que ocurre, porque se trata de algo nuevo para el cerebro. No obstante, su estado emocional sí lo percibirá.

Comenzará a experimentar calma incluso en momentos desafiantes o incómodos.

Después llegará la razón y aparecerá el entendimiento, posiblemente acompañado de acciones que la persona nunca antes se habría planteado o planificado.

¿Por qué? Porque primero se procesarán las emociones de baja frecuencia. Luego, el cuerpo físico comenzará a manifestar esta transformación y, finalmente, aparecerán otros pensamientos.

Estos nuevos pensamientos surgirán porque se habrá modificado la frecuencia desde la cual se generan.

El campo de gratitud

Existe un campo disponible en el que cesa la amenaza y comienza una transición hacia la gratitud.

Nuevamente, no se trata simplemente de agradecer ni de realizar el acto mental de dar las gracias.

Se trata de sentir la bienaventuranza.

La mente será la dimensión que necesitará más tiempo para reestructurarse, porque no posee referencias previas.

No existen.

Esto no significa que los seres humanos modificarán necesariamente aquello que eligen estudiar o la manera en que utilizan su dinero.

Se trata de cambiar el estado interior desde el cual viven esas experiencias.

Por ejemplo, si una persona no puede pagar la cuota de un estudio que desea realizar, esa situación ya no desembocará automáticamente en frustración.

Simplemente podrá decir:

«Está bien, en este momento no pude pagarla».

No será un «no pude» cargado de peso, culpa o frustración.

Será sencillamente: «No llegué. Fin».

De este modo, se terminan las discusiones internas que tanto debilitan a los seres humanos.

Esto podrá comenzar a observarse a corto y mediano plazo.

A largo plazo, dentro de tres generaciones, podrá manifestarse un estado de ausencia de discusión y de polaridad.

La polaridad comenzará a cesar.

La bienaventuranza de la abundancia

En un primer momento, la abundancia en alta frecuencia genera algo semejante a un estado de bienaventuranza: una calma activa y, al mismo tiempo, pacífica.

Genera una presencia basada en una confianza total, que no es una confianza meramente mental.

Todos los términos utilizados por el entendimiento humano se transforman en estados cuando entran en contacto con la alta frecuencia de la abundancia.

Cada palabra es una forma de dividir y expresar el estado de abundancia, para que el ser humano pueda comprenderlo mediante su mente lineal y relacionarlo con conceptos conocidos.

Sin embargo, la abundancia es un estado total del Ser en el mundo: expansivo y gratificante.

Es sentir el cuerpo como una nube que manifiesta anhelos y habita los deseos humanos.

Esto no significa que la persona deje de querer un automóvil, por ejemplo. Lo que cambia es la relación con ese deseo.

El ser humano deja de envidiar el automóvil que no posee y a las personas que sí lo tienen.

Comienza a observarlas y a sentir inspiración.

Puede experimentar orgullo porque el otro ha logrado algo, incluso cuando no lo conoce personalmente.

Hoy estamos hablando de un pulso del corazón, de un pulso de la energía de creación que es trascendental e inspirador.

Para las generaciones humanas siguientes, será una forma de sentir el espíritu.

Todavía nos encontramos en la etapa de sentir inspiración.

Las generaciones venideras lo experimentarán desde el espíritu.

Pero eso sucederá más adelante.

El fin de la competencia

Aquí y ahora, después de aproximadamente un año de modificación y reestructuración de la relación con la abundancia, puede comenzar a experimentarse un estado en el que ya no existe la competencia.

Puede aparecer un otro que haya logrado algo y que genere una respuesta como:

«¡Qué maravilloso!».

Ya no habrá envidia, incluso cuando la persona también anhele aquello que el otro ha conseguido.

Por lo tanto, se reestructurarán muchos sistemas. Estos modificarán la información heredada del pasado, traerán bienaventuranza al presente y generarán aperturas hacia el futuro.

Aquí y ahora, esta transformación se percibe como una ola de amor, gratitud y la tan anhelada calma en alta frecuencia.

Es la calma de saber que se es todo, no de creer que se tiene todo.

Se Es Todo.

Si eventualmente se anhela algo material o espiritual que todavía no se ha logrado, se comprende que ya se posee todo lo esencial y que solo es necesario encontrar el camino y recorrerlo.

Caminar desde la abundancia

También se habilita la posibilidad de transitar un camino sin iniciarlo desde la frustración, la envidia o el deseo insatisfecho.

El ser humano se ha acostumbrado a comenzar y recorrer caminos para lograr algo desde la frecuencia de la frustración.

Por eso, muchas veces no encuentra sostén ni logra concretar aquello que desea: ha iniciado el recorrido desde una frecuencia incorrecta.

Cada deseo suele comenzar con la expresión:

«Ojalá logre tal cosa».

De este modo, la persona pierde la posibilidad de disfrutar del recorrido desde la abundancia.

El recorrido en abundancia comienza en el mismo instante en que surge la idea de crear un camino.

Ese hecho ya es, en sí mismo, algo difícil de describir con palabras.

Es entrar en el flujo de la creación y poder decir:

«¡Qué maravilloso! Estoy dentro de este flujo».

Si el anhelo finalmente se concreta, durante el recorrido habrá perdido el peso y la presión asociados a la obligación de lograrlo.

El flujo de la creación se habrá convertido en el verdadero camino.

«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar».

Esta frase expresa la experiencia de caminar por el simple hecho de hacerlo y de sentir el estado de abundancia que ya somos.

Esta es la bienaventuranza de la abundancia.

Aquello que podría parecer un hogar humilde, con pocos recursos materiales, puede ser, en realidad, un recurso divino y absolutamente abundante.

La casa en la que fue criado Jesús constituye una referencia de esta abundancia.

Una tienda de campaña utilizada como vivienda también puede ser un tesoro de abundancia para el mundo y dentro del mundo, proveniente de la fuente misma de Dios.

Laboratorio de Alineación Consciente

Abundancia, un nuevo paradigma

Restablecer la comunicación entre el Ser creador y el humano administrador de la abundancia.